Empieza siendo un polvo.
Se mezcla con agua, se añade color…
y cuando seca… parece cerámica.
Eso es la resina acrílica.
Y es el material del taller más sorprendente que tenemos.
Cada niña trabaja con dos moldes.
El primero es una bandeja.
Antes de rellenarla, la decoran por dentro:
pinturas de colores y cada una crea su propio diseño en el interior del molde.
Flores, líneas, manchas de color… completamente libre.
Después vierten la resina sobre esa decoración…
y el diseño queda atrapado dentro. Para siempre.
El segundo molde es su inicial.
La letra de su nombre, en resina.
La eligen del color que quieran — rosa, lila, blanco, azul… —
la vierten, la dejan secar…
y cuando la desmoldan, tienen en la mano
una letra que parece comprada.
Le ponemos el arillo y ya es un llavero.
Pero el mejor momento del taller… es cuando desmoldan.
Cuando separan la pieza del molde y la ven por primera vez.
Ese instante — esa cara — no tiene palabras.
Si quieres un cumple que de verdad sorprenda…
ya sabes dónde encontrarme.
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