El slime al agua no lleva pegamento.
Y la textura que consigues… no se parece a ninguna otra.
Hoy te doy la receta completa.
Anota: agua templada — eso es clave, que no esté fría —,
unas gotitas de colorante o pintura acrílica del color que quieras,
una cucharadita de goma guar — la encuentras en herbolarios o en Amazon —
y el activador: una pizca de bicarbonato
y un chorrito de líquido de lentillas.
Cinco ingredientes. Eso es todo.
En un bol, mezclas el agua templada con el colorante.
Añades la goma guar y remueves bien, sin prisa,
hasta que no queden grumos y notes que el agua empieza a espesarse.
Ese cambio de textura es la señal de que va bien.
Entonces añades la pizca de bicarbonato, remueves,
y por último el chorrito de líquido de lentillas — poco a poco.
Verás cómo la mezcla empieza a despegarse del bol.
Sacas, amasas unos minutos con las manos…
y ya está.
Es un slime más ligero y transparente que el clásico.
Se estira despacio, fluye solo cuando lo dejas caer desde la mano.
Las niñas no pueden parar de tocarlo.
Y lo mejor de todo…
no mancha. Nada.
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