El taller ha empezado.
Las niñas llevan diez minutos concentradas, con sus materiales,
construyendo algo.
Y en ese momento… entra una invitada tarde.
Con todo el cariño del mundo. Pero tarde.
Lo que ocurre entonces no se ve a primera vista.
La monitora tiene que parar lo que está haciendo para atenderla.
Las demás niñas levantan la vista, se distraen, pierden el hilo.
La que llega tiene que ponerse al día rápido, sin la explicación inicial,
sin haber vivido ese primer momento de conexión con el grupo.
Y a veces… no llega a enganchar igual.
No porque no quiera. Sino porque el ritmo ya era otro.
El comienzo del taller no es solo un momento de presentaciones.
Es el momento en que la monitora establece la dinámica con el grupo.
Explica el proceso, genera expectativa, conecta con cada niña.
Es el momento donde se crea el ambiente.
Y ese ambiente— esa energía de grupo — es lo que hace que una niña
se suelte, se concentre y disfrute de verdad.
Llegar tarde es perderse exactamente eso.
Por eso pedimos puntualidad.
No porque seamos estrictas con el horario.
Sino porque cada niña merece vivir el taller completo.
Desde el primer segundo.
Y llegar a tiempo es la manera más sencilla de regárselo.
[1:03 – 1:12] · Cierre
Si tienes dudas sobre la hora de llegada o el horario del día…
escríbeme. Lo coordinamos sin problema.
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